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El Bocal se apaga en silencio: recuperado el cuerpo de Elena, la última joven desaparecida
Por Esther Casabó
Publicado en 05/03/2026 13:48
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La tragedia ya tiene el desenlace que nadie quería escribir.

El dispositivo de búsqueda ha recuperado el cuerpo de Elena, la última joven que permanecía desaparecida tras el colapso de la pasarela en la zona costera de El Bocal, en Santander. Con su localización se cierra la fase más angustiosa del operativo y se confirma el peor de los escenarios: los siete jóvenes que cayeron al vacío el pasado martes han perdido la vida, salvo una única superviviente que continúa ingresada.

Una tarde que cambió todo

Eran alrededor de las 16:30 horas del 3 de marzo cuando la pasarela de madera, integrada en la senda costera, cedió de forma repentina mientras el grupo la atravesaba. El desplome los precipitó desde varios metros de altura hacia una zona de rocas y mar agitado.

Cinco fallecieron prácticamente en el acto. Una joven fue rescatada con vida y trasladada en estado grave al Hospital Universitario Marqués de Valdecilla, donde permanece estable dentro de la gravedad. Elna era la única que seguía desaparecida hasta ahora.

Durante dos días, el operativo trabajó sin descanso por mar, tierra y aire, rastreando grietas, salientes y zonas de difícil acceso. Salvamento Marítimo, bomberos, cuerpos policiales y equipos especializados peinaron cada metro del entorno. La confirmación de su hallazgo pone fin a la búsqueda, pero no al dolor.

Investigación en marcha

Las causas exactas del colapso continúan bajo investigación judicial. Se analiza el estado estructural de la pasarela y los protocolos de revisión y mantenimiento, después de que trascendiera que un aviso alertó del posible deterioro de la infraestructura horas antes del accidente.

Mientras tanto, otras pasarelas de la zona han sido precintadas de manera preventiva.

Una herida abierta

La comunidad educativa a la que pertenecían los jóvenes, sus municipios de origen y Cantabria entera permanecen en duelo. Minutos de silencio, flores, abrazos interminables y una sensación compartida: la de que este lugar, que tantas veces fue escenario de paseos y fotografías, hoy pesa.

Elna era la última esperanza pendiente. Su nombre se suma al de sus compañeros en una tragedia que obliga a mirar de frente la seguridad de nuestras infraestructuras y la responsabilidad pública que conllevan.

 

Hoy, en El Bocal, el mar suena distinto.

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